Nace en Caracas el 11 de septiembre de 1913.
Muere en Caracas el 12 de mayo de 2014.
Médico venezolano cuyo trabajo ha marcado un hito importante dentro de
los estudios epidemiológicos, al desarrollar una vacuna para la cura de
una de las enfermedades más terribles en la historia de la humanidad, la
lepra. Este notable aporte a la ciencia médica, le valió ser postulado
en 1988 para el Premio Nobel de Medicina. Fueron sus padres Francisco
Convit y Martí (inmigrante catalán) y Flora García Marrero, venezolana.
Quienes aparte de Jacinto, tuvieron cuatro hijos más, Miguel Ángel,
Reinaldo, René y Rafael. Puede decirse que la familia Convit García fue
por mucho tiempo una familia “pudiente”, hasta que circunstancias
extrañas al hogar, precipitaron una crisis económica que coincidió con
los años en que Jacinto debía comenzar sus estudios universitarios. Su
educación secundaria la realizó en el liceo Andrés Bello (Caracas) bajo
la dirección de dos insignes maestros: Rómulo Gallegos y Pedro Arnal. En
1937 conoció a quien sería su esposa, Rafaela Martota (enfermera),
contrayendo nupcias con ella el 1° de febrero de 1947, siendo padre de
cuatro hijos: Francisco (1948), Oscar (1949), Antonio y Rafael (1952,
quienes son gemelos.
El 19 de septiembre de 1932 ingresa a la escuela de medicina de la
Universidad Central de Venezuela. En septiembre de 1937 recibe el título
de Bachiller en Filosofía, optando enseguida por el título de Doctor en
Ciencias Médicas, presentando la tesis “Fracturas de la Columna
Vertebral” en 1938. Finalmente, Convit se graduó de doctor en Ciencias
Médicas el 27 de septiembre de 1938. El 25 de junio de 1940 se inscribió
en el Libro de Inscripción de los Médicos Residentes en el departamento
Libertador del Distrito Federal como especializado en medicina
interna-enfermedades de la piel. El desempeño sanitario-epidemiológico
de Convit se inicia en 1937 cuando siendo estudiante de medicina es
invitado por Martín Vegas (profesor de dermatología en la Facultad de
Medicina) y Carlos Gil Yépez a asistir a la leprosería de Cabo Blanco
(departamento Vargas, Distrito Federal). Inmediatamente después de
graduado, es designado médico residente de esa leprosería. Entre 1940 y
1943, paralelamente a su cargo en la leprosería, trabaja como director
ad honorem de la Cruz Roja (seccional La Guaira), lo que le permite
tener una vivencia más amplia de la clínica médica. Durante este mismo
período, asiste también a la consulta de enfermedades de la piel del
Dispensario Central, perteneciente a la escuela de Venereología, ubicado
de Conde a Piñango (Caracas). En síntesis, a partir de 1937 es
imposible separar la vida de Jacinto Convit de la lucha contra la lepra
en Venezuela. Hasta 1942 esa lucha consistió solamente en el aislamiento
y tratamiento de los enfermos en “leprocomios” que dependían de la
Dirección de Asistencia Social del Ministerio de Sanidad y Asistencia
Social (MSAS). En 1945, Convit es enviado por el Ministerio de Sanidad
al Brasil, para observar los servicios antileprosos de ese país, en el
cual la lepra es aún un grave problema sanitario. Allí encontró 35.000
enfermos de lepra, hospitalizados en grandes sanatorios, los cuales
presentaban múltiples problemas. A su regreso, es nombrado médico
director de las leproserías nacionales, cargo que desempeñó hasta 1946.
Asimismo, de enero a julio de 1946, Convit es designado médico director
de los Servicios Antileprosos Nacionales, y desde julio de 1946 médico
jefe de la División de Lepra; correspondiéndole por tanto organizar toda
la red nacional de lucha contra la lepra.
En abril de 1961, Convit recibió la Orden del Libertador en el grado de
Comendador y en agosto la Medalla Cultura Gaspar Vianna, conferida por
el Ministerio de Salud del Brasil. Cabe destacar que durante estos años,
Convit invirtió un gran esfuerzo en la búsqueda de un modelo
experimental para la cura de la lepra. Para ello inoculó mamíferos,
reptiles y hasta peces bajo muy diversas condiciones. En 1989 Convit
anunció que había encontrado que armadillos traídos de la zona cercana a
la represa del Hurí (Edo. Bolívar) eran sumamente susceptibles a
contraer el bacilo de la lepra (M. Leprae), causante del contagio de la
enfermedad; a diferencia de los armadillos de otras regiones. A partir
del estudio con estos animales, Convit y su grupo de investigadores
desarrollaron una vacuna que podía ayudar a las personas enfermas con
lepra. Posteriormente, Convit declaró que era viable la utilización del
modelo de vacuna contra la lepra, para curar la Leishmaniasis.
Resultando con el tiempo un completo éxito en la cura de dicha
enfermedad. Como reconocimiento a su labor en la búsqueda de vacunas
para la cura de la lepra y la leishmaniasis, Convit fue postulado en
1988 al Premio Nobel de Medicina. Pese a presentar trastornos de salud a
partir de 1996, los cuales le obligaron a alejarse un poco de los
laboratorios clínicos, Jacinto Convit muere en Caracas el 12 de mayo de
2014 a la edad de 100 años.






